Mirar a través del tiempo tiene sus ventajas: sólo se recuerdan los buenos momentos. Es entonces cuando suena una ligera sonrisa que casi no se atreve a salir del todo por miedo a recordar. Pero también tiene sus inconvenientes, éste precisamente, sentir que echas de menos.Es precioso tener imágenes grabadas que nunca olvidarás y que, por mucho que pase el tiempo, siguen siendo mágicas. Son esas escenas que no puedes describir, porque para sentirlas hay que vivirlas. Silencios que anuncian fuego, suspiros contenidos, otros que hasta tienen eco, cosquillas inocentes, o interesadas, carcajadas de bebé, caricias con pasaporte al cielo, peleas estúpidas, enfados de tontos, charlas maduras y prolongadas, frases entrecortadas, respiraciones ligadas, abrazos eternos, un mensaje de buenas noches, un “solo llamaba para decirte que te quiero”, un olor, una ducha, un mordisco, un beso robado, otro ganado, un “tu y yo”, un “lo nuestro”, un “me vas a matar”, un “cómo te ha ido el día”, un “qué te pasa”, un cigarrillo a medias, un “eres lo mejor que me ha pasado nunca”, unas manos que hacen por cuatro de las tuyas, una foto en tu cartera, un boleto premiado, un largo paseo por calles que se hacen cortas, un desayuno sin diamantes pero de lujo, unas cervezas, una cena, despertar en mitad de la noche y dar gracias a tu suerte, curvas peligrosas a toda velocidad, fiestas de locos, locuras sinvergüenzas, sueños compartidos, mil noches en vela…
A veces es una única mirada la que te da el pellizco en el estómago. Se trata de una sensación que vuelves a sentir cuando recuerdas, esa inquietud vuelve a inquietarte hasta límites extremos. Será por eso que dicen que recordar es
volver a vivir.

Alguien que tenga vértigo, pero mucho vértigo, al montarse en un andamio recordará aquello que sintió, o sufrió, cuando subió a la montaña rusa. Y, como es tan fuerte el vértigo que tiene, no sólo lo recordará, sino que volverá a sentirlo de veras como si lo estuviera viviendo de nuevo.
Es eso lo que ocurre con las sensaciones fuertes, esas que son inolvidables, esas que cada vez que recuerdas te remueven por dentro.




